lunes, 31 de mayo de 2010

Jorge Rodríguez-Novás Catalá

Yo estuve en Vietnam

Llegué a Vietnam en 1966. Era un cámara de televisión. Grabé muchas batallas. La primera vez que viajaba tan lejos de mi país.

Eran las 7 de la mañana. Me despertó Johnson.

–Arriba soldados, hoy va a ser un gran día.

–Alex, despierta. Johnson haz el recuento.

–Uno, dos, tres… ¡falta uno!

(En ese instante sale Wilson con un rollo de papel higiénico en la mano).

–Estoy aquí.

–Wilson, a partir de hoy vas el primero de la fila, no quiero más faltas.

–Lo siento capitán, pero Johnson sabía que estaba en el “baño” y…

El capitán le interrumpe:

–¿Y qué?, ¡El recuento es el recuento!

–Él podía haber avisado… –dijo en bajo.

Empezamos a desayunar. Creíamos que iba a ser una gran lucha. Estábamos en Viet Cong.

No lo sabíamos, pero desde la selva ellos nos miraban con atención; los vietnamitas. Estaban detrás de los árboles. Esperaban que pasásemos cerca.

Hubo un primer disparo, que desencadenó el caos entre nosotros.

Todo pasó muy rápido. No les veíamos. Disparaban demasiado cerca para que pudiésemos responderles con obuses.

Vi a Johnson cerca de mí. Estaba muerto; o por, lo menos, eso parecía.

–Soltad las armas, sino moriremos todos –gritó Wilson.

Soltamos las armas y levantamos las manos. Los disparos cedieron.

Entonces les vimos. Eran pequeños. El que parecía estar al mando se acercó. Dijo algo que no llegamos a entender. El traductor había muerto. Nos hicieron prisioneros.

Pero escapamos a los diez días.

Vimos a los nuestros.

–¡Aquí!, ayuda, recogednos por favor.

–Hay un soldado que estaba con vosotros que ha sobrevivido, Johnson.

–Capitán, ¿cuál es la situación?

–Hay una base al norte, a diez kilómetros de aquí, han caído muchos, incluido el que traducía, voy a formar un pelotón de cinco personas: El cámara, Wilson, Johnson, Alex y yo.

Agosto de 1967. Estaba con los Delta Black Lions. Nos metimos por el río. Fue agradable, por unos momentos, calmaba las altas temperaturas de Vietnam. El placer terminó cuando descubrimos las sanguijuelas en el río. Si te mordían podías morir a causa de malaria.

Todo estaba en silencio. Nuestro capitán oyó algo.

–Estad alerta.

–Capitán he oído algo.

Alex:

–Yo también.

–No estamos solos.

Salió de los matorrales uno de ellos. Mató al primero de la fila.

Pobre Wilson.

–Capitán, Wilson ha caído.

También dieron al capitán. Tenía una herida profunda, seguramente de muerte.

Alex y yo nos dimos media vuelta. Vimos a nuestros aviones bombardear sus ciudades. De allí salían civiles abrasados. Preferí bajar la cámara. Cogí la radio para llamar a la base y pedir refuerzos.

–Solicito refuerzos y una recogida inmediata.

Batalla de Drang. Estuve en un helicóptero. Las primeras cuatro horas eran soportables. La necesidad de gasolina y munición nos desanimó. Unos disparos nos alcanzaron en el motor.

–Caemos, agarraos a algo.

Alex perdió en el acto su brazo.

Cuando desperté se estaba desangrado. Saqué mi revolver. Me apunté a la cabeza. Reflexioné. Tiré la pistola. Encontré la cámara. No funcionaba. Alex muerto, y yo sin una pierna.

Volví a casa.

Cuarenta años después, sigo vivo, sin una pierna; y recuerdo cada día y cada noche de Vietnam. Mis amigos… creo que no sobrevivió ninguno de ellos.

Suena el timbre. Abro y…

–¡Tu! Creía que estabas muerto

Era el capitán

–Sobreviví a esa batalla gracias a los refuerzos que pediste. Solo quería visitar al último soldado con vida de mi pelotón.

–Pasa, pasa.

–Quiero comunicarte que hace una semana encontraron el cuerpo de Johnson, hay un funeral en honor a los Delta Black Lions, tienes que venir.

–Vale, pero con una condición. Van a publicar mi libro "Yo estuve en Vietnam" y quiero que tú me hagas un favor.

–¿Qué?

–Quiero que añadas una páginas a mi libro sobre ti y como saliste de ahí con vida.

Gonzalo Sáenz

La compañía

Quiere matarle. Llega el fin. El esperado. El que todos esperaban. La compañía se hunde. Desaparece. Con uno solo, un disparo. Es necesario. Lo tiene que hacer. Pocos segundos. No puede hacerlo. Su hermano detrás.

Fuera, en la calle, el ejército. Les ofrecen dinero. No aceptan. Quieren ver a la compañía hundirse. Pero, ahora están atrapados.

El general ofrece dinero. Insiste. Sonríe. Sabe que no va a morir. Sabe que les tiene acorralados. Al otro lado de la sala está salvado.

Scofield piensa. Su hermano con la pistola apunta al general. Scofield recibe una llamada. La llamada. Todo arreglado.

–¿Si? – contesta Scofield.

–La tengo –responden al teléfono.

–Ponla al teléfono –dice Scofield, mientras conecta el manos libres.

–¿Hola? – se oye por el aparato.

–¡No! – exclama el general – Es mi hija, ¡soltadla!

–No sin que antes hayamos salido de aquí, contigo – añade el hermano de Scofield.

Todo cambia.

Ahora los buenos tienen el poder.

El general se enfurece. Se pone nervioso. Manda bajar las armas. Salen del despacho. Su hija está en peligro. No se arriesga. Se ve su angustia en la cara. El miedo en sus piernas temblorosas. La impotencia. Cogen un coche. Liberan al general. El general llama a su hija. Está bien.

Todo va según lo previsto. En unas horas, millonarios y en el Caribe.

Todo se acaba. La compañía se derrumba trocito a trocito. El general ordena matarles, localizar el objeto robado y llevárselo. Rápido. No tiene tiempo.

Los buenos ganan. Se siente el final, se respira victoria.

Lo que no saben es que no. Que todo esto no ha hecho mas que empezar.

Bosco Saldaña

Una lección de la vida

Hace un par de años, la palabra crisis no existía en el vocabulario de José. Era el vicepresidente de una empresa de cables. La empresa se llamaba Sogecable. Era una maquina de hacer dinero, como decía su abuela.

La vida de José era de ensueño. Vivía en un chalet en el Viso. Tenía segunda, y hasta tercera, residencia. Su mujer era caprichosa. Aunque en tiempos como aquellos, a José le daba igual. Tenía un sueldazo. Sus hijos tenían motos. Tenía tres, de 14, 16 y 18 años. A José, además, le gustaba cazar, jugar al golf y correr en el Jarama. Al parecer, sus hobbies eran un poquito caros. A su mujer le encantaba ir a las pasarelas de Milán y de París.

Como decía José:

Gasto mucho decía un poco avergonzado–, pero me lo puedo permitir. Era una frase que le encantaba repetir y siempre que podía, lo hacía.

Las economías del mundo empezaban a dar resultados negativos. Pero a José no le importaba. Parecía que no le iba a afectar. Él era José García y no le iba a pasar nada.

Hasta que pasó. El sector de la construcción cayó en picado. José se asustó, solo un poco al principio, a ver si podía afectarle. Pero transcurrieron dos meses y no pasó nada. Por arte de magia, José parecía vivir en otro mundo. La gente normal gastaba menos. Pero José no. José no veía, o no quería ver, que su sector estaba ligado al de la construcción.

Por fin, la crisis llegó a la casa de José. Ahora él cobraba lo mismo que su secretaria hacía nueve meses. ¡Era increíble! José se hundió un poco. Pero comprendió que debía reducir gastos. Tenía que prescindir de sus hobbies. Su sueldo no podía aguantarlos durante mucho tiempo. Vendió su Jaguar deportivo. Ya no iba a Marbella ni jugaba al golf ni cazaba ni corría en el Jarama.

Pero lo superó todo gracias a una frase que recordaba de su bisabuelo:

Ante los problemas no te hundas, no conseguirás nada.

Y José le respondió:

Pero, ¿cómo quieres que lo supere?

Entonces su bisabuelo se puso de pié y dijo:

Recuerda, tu eres del norte, no seas nenaza, serás la vergüenza de Neguri si sigues así.

José era comprensivo, pero su mujer no. Su mujer no estaba dispuesta a dejar de lado sus cafés a las cinco en el Palace. Ni las pasarelas ni los vestidos a mediada de Savile Rowr. Y le dejó.

Se le olvidó esa oración que les leyeron el día de su boda:

En la pobreza y en la riqueza.

Una tarde pensando, en el parque del Retiro, ya no podía permitirse el Club de Golf, José recordó la frase de su bisabuelo y se puso manos a la obra. Vendió su casa del Viso, solo para no tener que sacar a sus hijos de su colegio. Ahora, trabajaba 12 horas y cobraba lo mismo que una secretaria. Pero no se venía abajo. Seguía al pié del cañón.

No como su mujer.

Pero un día recibió una carta que decía:

Debido a la muerte del Presidente, José García será el nuevo Presidente. Acuda el Jueves al hotel Ritz para su nombramiento de…

Desde ese momento todo cambio en José. Todo no. Superó la crisis, su mujer le pidió perdón y ya podía tener su Jaguar y volver a su vida anterior. Pero no. José no cambió. Sus hijos seguían en el mismo colegio. No necesitaba una casa como la del Viso. Ya no quería a su mujer y buscó hobbies más asequibles como… las cartas.

Nicolás Serrano

Match point

Esta historia se recordará por todos los tiempos. La final de tenis. La final más esperada. La final de Wimbeldon. Los jugadores eran: el grandísimo número uno del tenis mundial, "Nico". El otro finalista era un desaparecido del "Ranking" del tenis: "Rafa". Nadie se lo esperaba, pero había conseguido llegar a la final de Wimbeldon. Ya era un premio para él.

El gran favorito era Nico. Rafa estaba muy nervioso momentos antes de comenzar el partido. Su entrenador "Toni" le dijo:

–Tranquilo, Rafa, sal y juega como sabes.

Rafa le contesto:

–Nunca había tenido esta sensación, es como si me superara la situación.

Toni le contesto:

–Confió en ti, lo vas hacer bien.

Rafa le respondió:

–Lo único que te aseguro es que cada bola que dé será como si fuera un macht point.

Toni le contestó:

–Rafa, sé que vas a ganar –aunque lo cierto es que por dentro no lo tenía tan claro como le decía a su pupilo.

Comienza la final.

El ritmo que pone Nico es impresionante. En 28 minutos mete a Rafa un parcial de 6-0.

Rafa está nervioso. No ha conseguido ningún juego. Teme de hacer el ridículo. Cruzan miradas Rafa y Toni. Toni le dice con el gesto: "tranquilo". Pero la verdad que no está tranquilo. Tras otro set en blanco, no logra ningún juego. Está desesperado. No puede hacer más, la situación le supera....

Comienza el tercer set. Como no lo gane, Rafa se despide de la final. Apenas han jugado una hora y treinta minutos.

Rafa empieza ha centrarse y consigue hacer su primer juego. Esto ha cambiado, ya es otro partido.

Pero el juego de Nico es sencillamente IMPRESIONAAAAAAAAANTE. Está imparable.

Es el tercer set, con un parcial de 5-4 y un macht point a favor de Nico. Un trueno sacude la pista. Empieza a llover. Empieza la tensión. No puede jugarse mas. Se suspende la final.

Entra en el vestuario los jugadores.

Rafa le dice a Toni:

–Esto se está acabando, match point en contra.

Toni le responde:

–El partido no se acaba hasta que no os deis la mano.

Rafa le replica:

–Está complicado.

Toni insiste:

–Complicado no es imposible y te repito, ¡sé que vas a ganar!

Rafa se anima. En bajo:

–Vamos, Rafa, vamos.

Toni termina:

–Venga, vamos.

Raaaaaaaaaaaaaafa!!!!!!!!!!!!!!!!

Tras varios minutos, se reanuda la final.

Rafa sale con otra cara. Es distinto. Consigue remontar el juego y logra hacerse con el set. Nico no se lo cree. Ha tenido la victoria a un solo punto!!!!! Rafa también se hace con el 4 set. Empata el partido.

Increíble.

Llegan al ultimo set. El difinitvo. Espectacular cómo empieza. ¡Cómo se ha puesto el partido! Tras varias horas, llega el primer match point para Rafa!!!

Espectacular!!!!

Impresionate!!!!!.

Saca, tira la bola y, de repente, cae al suelo.

Nadie puede creerlo!!!!!.

¿Cómo es posible que resbale en uno de los puntos mas importantes de su vida. Pero lo que no sabe la gente es que le ha dado un ataque. Ha muerto en la pista.

Un silencio recorre el lugar.

Se ha muerto en el match point...

Siempre se recordará a la joven promesa que se quedó a las puertas...

Álvaro Trillo

Pantano

Corre el año 2130. El mundo, destrozado por la avaricia de los hombres, es un valle de lágrimas. Oscuro y silencioso. Ni el trinar de un pajarillo se escucha a lo lejos. Los mares muertos. Lo verde es negro. Lo azul es gris. Lo negro sigue siendo simplemente negro. Nuevamente dividida en dos bloques, la humanidad busca la manera de sobrevivir. Ni bloques políticos, ni bloques raciales. Bloques del bien y del mal.

A 600 km. de Ciudad de México, en una aldea, llamada Katipuri, viven dos hermanos, Bobi y Mauri. Viven solos. Una pandemia ha acabado con la vida de abuelos, hermanas, padres. Dos hermanos gemelos, en un mundo insólito.

Mauri enseguida toma el mando. Es tres minutos mayor, pero él da las órdenes. Con gran capacidad de mandato y un agudo instinto de supervivencia; es capaz de sacar comida y agua potable de debajo de las piedras. Sin escrúpulos.

Bobi es el mandado. Hace lo que dice su hermano. Cada noche, pensativo, recuerda los buenos momentos que pasó con su familia, en sus 13 años de vida.

Una noche Bobi dice:

-Hermano…¿recuerdas cuando sacaste del lago de Namibia aquel barbo gigante, con unos bigotes que me llegaban hasta los pies?

Ja,ja,ja… Por supuesto, a papá le hizo un corte en la mano y tuvimos que ponernos en marcha rápidamente, así que cogí el cuchillo y se lo clavé en el cráneo.

Sí… cierto, ¿recuerdas el sabor del pescado?...

No hermano… no recuerdo ni el olor de las margaritas, ni el jazmín. No recuerdo el aire fresco de la montaña, ni el sabor de la cerveza…

Mauri, ¿te puedo preguntar una cosa? ¿Qué sentiste al clavarle el cuchillo a ese barbo gigante?

¿Quieres que sea sincero?... Nada, absolutamente nada. Duérmete Bobi, que ya es hora y mañana nos espera un gran trecho que recorrer antes de llegar a El Pantano.

El Pantano es un lugar donde hay alimentos de sobra y agua potable, fresca, sin que haga falta calentarla antes de tomarla. Aire fresco y flores, el objetivo de todo hombre del siglo XXII. Un paraíso terrenal.

Salía el sol cuando un ruido despertó bruscamente a los dos hermanos.

¿Qué ha sido eso?, Preguntó Bobi.

Ni idea hermano, estate atento, por si es un jaguar o algún tipo de bicho; coge el rifle que tienes a tu derecha.

Entonces, algo se lleva a Mauri por delante y lo tira al suelo. En un abrir y cerrar de ojos, Bobi y el animal están encarados, mirándose fijamente.

¡Bobi dispárale! –grita Mauri mientras procura levantarse.

Bobi apunta y se fija que el jaguar tiene una herida en un costado; el animal está cansado y exhausto, le mira a los ojos y a él una extraña sensación le sube desde las tripas; algo que no imaginaba que iba a sucederle frente al animal más temido de toda Latinoamérica.

¡Bobi!, ¿a qué esperas?

Se oye un disparo. El jaguar cae al suelo. Mal herido. Mauri aprovecha la ocasión y se levanta. Le quita a su hermano el rifle de las manos.

¿Por qué no le disparas? Casi me mata.

Mauri, no lo remates, no hay maldad en ese animal, solamente se defendía. ¡Por Dios, está escrito en su instinto! Déjale, sigamos.

–Es un animal y es comida.

Mauri cogió el rifle, apuntó y apretó el gatillo.

Llegada la noche.

-¿Qué pasa hermano? ¿No piensas comer?

No… !No tenías porque matarlo Mauri! ¡No hacia falta! ¡Teníamos maní de sobra!

Mira hermano, esto lo hago por los dos; además soy mayor y sé lo que te conviene.

¡¿Tres minutos mayor?!

Hermano, no me grites. El maní no es carne, no tiene suficientes proteínas; en cambio un pedazo de esta carne nos puede salvar la vida.

Sabes muy bien que una larva de gusano tiene tres mil veces mas calorías y proteínas que la carne de jaguar, hermano. ¿Qué me dices del sabor? Venga pruébala.

Y le mete un trozo de carne en la boca, a la fuerza.

¡No!gritó el hermano, apartándole las manos.

¡Que la pruebes!, te he dicho.

-¡No! y ¡no!

Empiezan a pelear, se dan empujones y se tiran al suelo. Ruedan cuesta bajo. Bobi se rompe el dedo meñique de la mano. Al darse cuenta, Mauri corre hacia él para tratar de ayudarle. Bobi le aparta y, soltando dos lágrimas, regresa junto a la hoguera y se acuesta.

A la mañana siguiente, Mauri había recogido sus cosas. Bobi estaba totalmente sólo.

Busca una planta llamada aloe vera a la que le saca la sabia para escayolarse el dedo. A la vuelta encuentra que la hoguera apagada. El pedazo de carne de jaguar que quedaba había desparecido. Bobi desesperado, sin saber qué hacer, decide seguir el rastro de estos usurpadores…

Continuará...